En ese instante el mundo se paró, y me sentí la persona más feliz de todo el mundo, yo y mi amiga Samm nos pusimos las dos a llorar como locas, puesto que para ella es igual de importante que para mi. Entre tanto mi padre nos estaba mirando, como orgulloso de lo que había hecho, y no era para menos. Durante dos horas Samm y yo nos quedábamos embobadas viendo aquellas entradas, eran perfectas, aunque no tienen nada de especial, ningún marco super bonito, ni ninguna foto guay, ni brillantes ( nos encantan los brillantes a las dos), ni nada por el estilo. Simplemente es que eran como el boleto premiado de la lotería.
Corriendo y sin pensarlo ni un solo segundo fuimos a casa de nuestras amigas Carli y Ari. Estaban como siempre jugando al fútbol en la calle, son muy poco femeninas, pero son nuestras amigas y las queremos mucho. Pararon un momento y al ver las entradas, aunque a ellas no les gusta el baile, nos dieron un fuertísimo abrazo y nos felicitaron. Al volver a casa, mi amiga Samm se quedó a dormir en mi casa, cenamos, vimos un poco la tele, y nos fuimos a la cama.
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